Todos los años,
desde 1687, en el mes de octubre, la imagen del Cristo de Pachacamilla o Señor
de los Milagros recorre las calles limeñas cargada por sus fieles devotos. Y es
que la imagen del Cristo crucificado mueve a millones de fieles en procesión,
los mismos que van vestidos de morado como símbolo de devoción al Señor.
La historia del
Señor de los Milagros se remonta a mediados del siglo XVII cuando un mulato
pintó al Cristo crucificado en una pared de adobe, a pesar de nunca haber
llevado estudios de pintura. Pero la devoción al Cristo de Pachacamilla, la
cual era una zona donde los negros angoleños se asentaron y donde fue pintada
la imagen, comenzó luego del terremoto que azotó la ciudad de Lima el 16 de noviembre
de 1655, el cual fue devastador por la miles de pérdidas. Las paredes de la
cofradía se desplomaron, excepto el débil muro de adobe donde se hallaba
retratada la imagen. A partir de este hecho, la imagen atrajo gran cantidad de
adoradores, por lo que el Virrey ordenó su destrucción. Fueron dos las personas
que intentaron borrarla, pero al tratar de hacerlo les dio escalofríos,
temblores y hasta alucinaciones. Al ver el poder de la imagen, las personas
decidieron rendirle veneración muy a pesar de la negativa de las autoridades.
Pero fue el
maremoto del 20 de octubre de 1687 que azotó a El Callao y parte de Lima, el
que aumento la devoción por el Señor de los Milagros, pues la capilla en la que
se encontraba fue destruida quedando la pared de adobe intacta nuevamente. De
esta manera fue admitida por la Iglesia y se consagró su culto.
La popularidad del
Cristo Moreno creció tanto que se hizo una réplica de la imagen al óleo, la
misma que es cargada todos los años en el mes de octubre, pues desde 1687 viene
trayendo consigo bendiciones de unión, esperanza, fervor católico y tradición.
Tradición que hizo que hoy en día, la procesión del Señor de los Milagros salga
en distintas partes del país.
Weenny Marchan
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