Me encontraba a lado de
José, un gran amigo que hice en el Asilo, en eso se me acercó una pequeña niña
y me dijo “Hola soy Michelle” me vio con una sonrisa y me dio un lindo abrazo,
yo hace mucho no recibía uno. La mire, hice una carcajada y dije “Me llamo
Rosa”. Las dos nos sentamos juntas, Michelle me presento a sus compañeras y
empezamos a jugar todos juntos a las adivinanzas. Las dos nos hicimos a un lado
y de pronto Michelle me pregunto sobre mi infancia, al principio me sentí
triste, porque tuve hermosos momentos en esa etapa de mi vida que ya no las
volveré a vivir, sin embargo esa pequeña niña se ganó mi confianza y empecé a
contarle sobre Clara, quien era mi abuelita y al mismo tiempo madre y padre
para mí. Ella me crió, cuido y supo educarme, yo vivía con ella en Caquetá un
pueblo cerca a Colombia, también pertenezco al pueblo originario Huitoto, y me
siento orgullosa de ello. Nunca conocí a mis verdaderos padres, Clara no
frecuentaba hablarme de ellos, pero recuerdo que una noche les pregunte sobre
ellos y me respondió:” Te abandonaron al nacer”. Ella y yo no volvimos a tocar
el tema. Mi infancia estaba llena de sonrisas, me encantaba tejer y cultivar la
chacra; cuando tenía 8 años fui a traer las yucas pero de pronto me encontré
con una serpiente gruesa y larga, se parecía a la leyenda que Clara me contaba
antes de dormir y justo cuando estaba por lanzarse a mi apareció un cazador y
la disparo.
A mí nunca me gusto el
estudio, pero ayudaba a Clara con los gastos del hogar, con la venta de mis
artesanías, cuando mencione que no me gustaba estudiar Michelle se asustó, pude notar que es una
niña muy expresiva, me pregunto también si me había enamorado y le dije que sí
y fue cuando tenía 14 años; yo empecé a convivir con él, mientras él trabajaba
en la chacra, yo me dedicaba a las labores del hogar, tuve al poco tiempo tres
hijas, pero el hombre del que me había enamorado me abandono a los pocos días
que nació mi último bebé y en esa misma semana Clara falleció, me invadió una tristeza
muy grande pues ahora no tenía a nadie más en este mundo, sin embrago mis hijas
era mi fortaleza de día a día, al mes encontré trabajo de sirvienta, me fue muy
bien. Con el paso del tiempo mis hijas crecieron y tomaron rumbos distintos.
Hace dos meses llegué a
Iquitos para visitar a la menor de mis hijas, pude notar que no fue bien recibida y que mi presencia le
incomodaba bastante; ella vino a dejarme aquí en el Asilo ya que ninguna de mis
hijas deseaba hacerse cargo de mí y es lamentable después de todo lo que hice
por ellas, así es la vida cada día es una lección.
Yo me aburro en este lugar
quisiera tanto regresar a mi Pueblo Caquetá, pero no tengo dinero y solo me
queda esperar. Una señora dijo que vendría por mí dentro de un mes para
ayudarle con las ventas en el mercado y así ganar un poco de dinero. Michelle
me escuchaba muy atenta y me pidió un consejo después de todo lo que había
vivido y de inmediato le conteste “El estudio siempre será el amir de tu vida”,
Michelle me miro con lágrimas en los ojos y me dijo que le recordaba mucho a su
abuelita que había fallecido hace 10 años. Yo decidí cantarle
una canción, ella aplaudió y me dio un regalito, me alegré bastante y la invité
a que siga viniendo a visitarme.
Finalmente le dije que
quería sentarme a lado de José para apreciar las presentaciones artísticas de
sus compañeras, al término Michelle vino corriendo a abrazarme y me dijo “Gracias, Rosa, por tu tiempo, yo tengo que volver a la escuela pero prometo regresar.Adiós
que tengas lindo día".





