Es jueves, llegó el día de nuestra proyección social. Todas estamos
muy ansiosas pues no sabemos a que ancianito nos tocará ni sabemos nada sobre
su vida. “¿Será ancianito o ancianita?”, “¿Cómo será físicamente?”: éstas eran
algunas de la preguntas que nos hacíamos entre nosotras, Y llegó el carro, era
momento de empezar con nuestro proyecto. Al llegar al asilo, nos encontramos
con un ambiente bastante tranquilo, esperamos que terminen de desayunar los
ancianitos y fuimos a buscarlos. Giré mi cabeza, en busca de un adulto mayor y
lo vi a él sentado.
Me acerqué lentamente y le pregunté su nombre. José Gutiérrez, me
respondió con la voz entrecortada. Mientras conversábamos, noté que era una persona
bastante mayor, se notaba en cada arruga que marcaba su piel y en el poco
cabello que tenía. Su rostro reflejaba tristeza y cansancio. Andaba algo
encorvado ya que tenía problemas para caminar. “Quiero ir a casa, que mis hijos
y mi esposa se acuerden que estoy aquí, en este lugar” dijo muy triste José. Al
rato le pregunté sobre su infancia, el me miró y se quedó pensando.
“Aire puro en la tranquilidad de la selva, corriendo detrás de mis
hermanos, jugando a las “chapadas” hasta cansarnos y que papá nos llame para
entrar a casa. El ruido de mi silla lo volvió a la realidad y sólo me respondió
que extrañaba estar con sus hermanos. Pasaron los minutos y me fui ganando su
confianza como para preguntarle sobre el motivo que lo trajo al asilo. “Me
dejaron acá, pensando que atenderían mis problemas de salud. Mi familia dijo
que volvería, pero hasta hoy no los veo”.
Me acababa de decir algo que no comprendía , ¿cómo podrías
abandonar a alguien de tu familia?, me pregunté. Cuando estaba por terminar el
tiempo asignado para conversar. Le hice una última pregunta: “¿Qué es lo que
más deseas José?”. Rápidamente me contestó: “Que mi familia venga a buscarme,
me saque de este lugar, estaría muy contento, con eso, sólo eso”.
Susana
Victoria Quispe Fortes
No hay comentarios.:
Publicar un comentario